Reconocida por su liderazgo y pasión por la cultura, Maruja Herrera ha dedicado su vida a impulsar el arte en Panamá, inspirando a nuevas generaciones y transformando la forma en que la sociedad valora la identidad cultural del país.
Infancia y primeros pasos de Maruja Herrera
Desde los siete años, Maruja Herrera descubrió en la danza un camino de vida. Hoy, como Ministra de Cultura de Panamá, su pasión por el arte se ha convertido en una misión cultural que inspira a toda una nación. Comenzó a bailar casi por casualidad en una escuela cercana a su hogar y recuerda:
Yo empecé a bailar a los 7 años, entré a la danza por destino, llegué al lugar indicado y a la hora indicada.

Se graduó a los trece años en la Escuela Nacional de Danza de Panamá y continuó su formación en la Universidad de San Francisco, Estados Unidos. Su ascenso en el Ballet Nacional fue rápido: pasó del cuerpo de baile a solista, de curifea a bailarina principal, hasta convertirse en primera figura, llevando la cultura panameña a escenarios internacionales. Su disciplina y pasión por el arte marcaron un camino que trascendería generaciones.
De bailarina a gestora cultural
Al dejar los escenarios, Herrera no abandonó la danza; la transformó en oportunidades para otros. Fundó la Asociación Pro Danza Panamá, la Youth Ballet School y la Ballet Academy, convencida de que las nuevas generaciones merecen formarse y soñar en grande. Desde joven mostró su vocación solidaria: “Desde los 18 años me preocupé por conseguir becas, porque siempre he sido una persona que le gusta compartir y apoyar”, comparte.
Entre 2009 y 2014, como directora del Instituto Nacional de Cultura (INAC), impulsó proyectos emblemáticos como la Ciudad de las Artes, el programa Verano Azul y Teatro bajo las Estrellas, acercando la cultura a públicos que antes no tenían acceso.
Reconocimientos y proyección internacional
Su trabajo trascendió fronteras. Fue reconocida en Miami como Latina Ejemplar, participó en programas como Despierta América y Desiguales, y contribuyó a que Panamá fuera sede de los Premios Juventud, con más de 50 millones de espectadores. Durante un homenaje de Who Are U, Maruja confesó emocionada: “Yo bailo porque me gusta, y porque lo amo, lo hago”. Estas palabras reflejan su compromiso con la danza y la cultura como herramientas de transformación.

Liderazgo y legado cultural
Hoy, como Ministra de Cultura, Herrera enfrenta el reto de consolidar una institucionalidad cultural fuerte y proyectar el arte como motor de desarrollo social y económico. Cada acción responde a un propósito: fortalecer la identidad, proteger el patrimonio y abrir oportunidades reales para todos los panameños. Su gestión se basa en tres principios fundamentales: constancia, pasión y disciplina.
A las niñas y jóvenes que sueñan con brillar en el arte les recuerda que más allá del talento, es el carácter lo que se construye día a día, y que la disciplina y la pasión son las mejores aliadas para alcanzar sus sueños. Como le decía su madre:
Todo lo puedes hacer bien, solamente cálmate y aprende a contar tus flores.

El legado que Maruja Herrera quiere dejar se asemeja a un gran escenario abierto, donde músicos, bailarines, artesanos y escritores conviven, mientras el público celebra orgulloso su identidad cultural. De la niña traviesa que descubrió el ballet por casualidad a la primera bailarina que llevó el nombre de Panamá al mundo, de la gestora que abrió academias y programas a la ministra que guía la política cultural del país, su vida demuestra que el arte puede transformar realidades y fortalecer sociedades. Como ella misma afirma: “El arte nos une y la cultura nos enriquece”.










